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29.12.10

Inexplicable y venenoso.

-¡Para de reírte! ¿Estás loca?

Ah... Mónica tiene que hacer un trabajo de biología con esa chica tan bipolar y simpática de clase. Para Mónica eso es algo extraño... ¿desagradable? Más bien eso. Pero bueno, Carol es así, con esa sonrisa que ilumina el día y ahora enfrente del volcán de arcilla que escupe agua con bicarbonato sódico revuelto con anilina roja... Carol está que se disuelve de la felicidad.

-¿Qué te pasa?

-Nada. Estoy feliz, ¿nunca lo has sentido?

Carol echa piedrecillas en el diminuto cráter de su proyecto y tararea una canción. Mónica piensa en su pregunta.

-Pues no, una persona como yo no es que lo sienta mucho.

Carol frunce el ceño y mira a su nueva amiga con atención mientras bebe del café de su taza. Se lo bebe negro y sin dulce. A lo mejor es que ya tiene todo el azúcar del mundo dentro, piensa Mónica.

-¿Cómo tú?

-Si. Sin padres, lesbiana y obsesa.

-¿Obsesa? ¿Con qué?

Increíble, piensa Mónica. Le acaba de decir en una frase su condición de vida deplorable, su orientación sexual no aceptada por la sociedad y por lo único que se preocupa es por las obsesiones. A la cabeza de la huérfana glamurosa se vienen las imágenes de cuando fuma sola y piensa que lo único que tiene es la voz del cantante de turno en su radio casete.

-Pues... No sé. ¿Por qué bebes café? No creo que te haga demasiada falta.

-Ah, es que mi cantante favorito es adicto al café.

-Qué tontería, Carol... Vives para alguien que...

-No sabe que existo, lo sé. Da igual, les he conocido en persona y me preguntaron que por qué no gritaba desesperada como las demás. Las revistas se ahorran estas partes interesantes, ¿sabes? Si te digo la verdad sólo estaba nerviosa porque no tenía boli para que me firmaran sus fotos. Son personas, iguales a mí. Y les amo.

Mónica niega con la cabeza y resopla. El volcán funciona, entonces por ese día han acabado. Lo dejan en la parte de abajo del armario de Mónica y Carol empieza a curiosear las cosas de su habitación. Ve entre todos los cachivaches ese videojuego para cantar. La última versión en modo rock.

-¡Oh, Dios mío! Vamos a usarlo, ¡por fa!- Carol pone morritos y Mónica se sorprende de la confianza que le toma. Es inexplicable y venenoso, porque se expande por su corazón solitario esa sensación que...

No. No puede ser.

-...Cuando quieras me ayudas! Que estoy harto de verte pidiéndome cuentas con cuentos de ciencia ficción, con un poco de suerte...

Cantan juntas y a Carol vuelve a atacarle la risa. Será el café...Será cantar. Ni idea. Pero a Mónica empieza a sonreír también.

Ahora ya lo siente. Felicidad sin más, sin razón alguna.

O no.

26.12.10

Con vestido elegante y mil copas de más.

El 24 de diciembre Carol se despierta a las doce del día aproximadamente. Se había ido a la cama a las cinco de la madrugada y no le hace mucha gracia el día que es. Sólo quiere coger la motocicleta y pirarse de la bola de cristal tan comercial e hipócrita en la que está metida. Sus hermanos pequeños ya están levantados y emocionados presionan a papá y a mamá para que les digan qué son los regalos que hay bajo el árbol.

No sale de la cama, enciende la televisión y se encuentra con las típicas películas navideñas.

-Joder... Los americanos siempre tan pesados con su puto verdadero significado de la maldita navidad.

Y en esa frase dicha por ella podrían haber cabido trescientas vulgaridades más. ¿Por qué no? Pasa de canal y pasan dibujos japoneses. Otros obsesos con el significado de todo. A la mierda la televisión.

Se levanta de su cama y se dirige al escritorio. Entra en todas las redes sociales y lo único que hay son vacíos deseos e hipócritas, cada vez más hipócritas 'te quiero'. Cerrar todas las ventanas. Abrir una nueva. Twitter. Su guitarrista preferido no ha dejado ningún mensaje aún. ¿Es posible que sólo ella espere de verdad ese deseo que en realidad no es para ella? Seguramente él lo escriba colocado por las drogas... Segurísimo que lo escribe por que se lo ha dicho su mánager y no quiere quedar mal.

A Carol le da igual. Carol ha dejado de querer a Sergio para quererlo a él. Al que nunca sabrá que ella existe pero que ella quiere tanto.

-Estará acostumbrado ya...- Susurra para ella.

Mamá la llama a desayunar y cierra el Twitter. Ya lo mirará más tarde. Al dirigirse a la puerta ve de refilón su reflejo en el espejo y se devuelve para mirarse mejor.

-Prepárate,- Se dice a ella misma en voz alta.- para vivir un día de mierda.

Porque al fin y al cabo eso es lo que es. Un día como cualquier otro. Ella pasa de todo. Vive estos días como si fuera marzo sólo que con vestido elegante y mil copas de más.

22.12.10

Temblar.

La realidad te hace temblar, Ramiro.

Cuando eras un canijo y mirabas Pokémon en la tele, te preguntaban qué querías ser de mayor. Oh, si, cantante. Pues obvio, entrenador como Ash Ketchup o como se escriba.
Pero no, parece que lo único que te queda hacer es meterte en el puto bachillerato de ciencias y ponerte a temblar más con la selectividad y estudiar medicina. También tenías la opción de psicología; al fin y al cabo, locos y enfermos en el mundo iban a haber cada día más, por lo tanto a ti te parece que son las profesiones del futuro.

Pero a la pregunta de cuando tenía diez años tienes dos formas de responder, Ramiro. Puedes decir lo que realmente quieres y lo que sueñas o lo que te obliga a hacer la vida.

Por una parte van tus sueños, que son cálidas tardes de verano con Erica por siempre y canciones de Sum 41 de fondo. Luego la playa, los peces y la sal del mar. El aire caliente y el sol quemándote cuando juegas al fútbol.

Y la otra parte, no apetece decirla, ¿verdad? Porque esto segura que tanto a ti, Ramiro, como a mi, nos tiemblan las piernas de sólo pensarlo.


Última para Ramiro.

16.12.10

Aprobado.

Se ha terminado de vestir. Ramiro sabe que para su novia no es un buen momento; no entiende porqué las chicas se toman los problemas de sus amigas taaan personalmente. Álvaro por ejemplo seguiría respirando con la misma tranquilidad aunque le hubieran amputado un dedo a Ramiro.

-Mary, ¿qué hay para comer?- Ramiro baja las escaleras corriendo y mira el reloj. Erica llegará en cinco minutos aproximadamente.

-Comida italiana.- La madre de Ramiro no especifica más y se da la vuelta con un bol de ensalada camino de la mesa.- ¡David! Vamos, que la niña está por llegar.

El padre de Ramiro baja las escaleras con el periódico en la mano y comenta algo sobre la bolsa. Se sienta muy serio y mira a la nada.

-¿En realidad es necesario?

-Papá, es mi novia, por favor, comportate.

Din don.

Cuando va a comenzar un examen para el que se tienen unos nervios especiales, el timbre que anuncia el final de la clase anterior es una tortura. Erica acaba de hacer sonar el timbre que iniciará el examen de los extraños padres de su novio sobre ella. Pero ya lo ha aprobado, sólo con presentarse y soportar esa comida que no tiene muy claro a qué le va a saber.

10.12.10

Los pilares.

-Señora, tome asiento.- La doctora mira seria a la señora Contreras, la madre de Mario y ésta se asusta. Algo va mal, ella lo sabía desde el principio. La madre de Mario acudió esa tarde, el 9 de Diciembre, a consulta por urgencias; su hijo presenta tos con sangre, los párpados los tiene más caídos que el ánimo y dificultad para respirar entre muchas otras cosas más.

-Algo va muy mal.- La señora Contreras es una mujer rubia y de ojos marrones, que estando muy joven se casó con un hombre mayor que ella, al que no amaba pero que tenía mucho, mucho dinero. Su voz se quiebra cuando habla y la mirada grave de la doctora (la mejor de todo el hospital y posiblemente en la ciudad) le pone la piel de gallina. Una madre sabe leer los ojos de los demás, si sus hijos están implicados.

-Verá, señora. Yo soy madre. Bueno, madre... Mi hija adoptiva se llama Sayuri, es japonesa. Desde que tenía quince años siempre quise hijos japoneses, y siempre quise que estuvieran en perfectas condiciones. A veces lo malo de los médicos es que creemos que nunca nos vamos a enfermar y que nuestros familiares tampoco. Sayuri es muda. Puede oír y ver. Eso es otra historia. A lo que quiero llegar, es que los padres deben de ser fuertes ante la situación que sea de nuestros hijos. Son nuestros pilares, y cuando un pilar se derrumba, tenemos que ser aún más fuertes para poder sostenernos y no hundirnos con los que nos queda de vida.

La señora Contreras siente que la habitación da vueltas. Casi no oye a la doctora.

-Su hijo tiene cáncer pulmonar de células no pequeñas. Hemos hecho todas las pruebas y los resultados de la biopsia llegaron esta mañana. Estaba a punto de llamarla cuando me dijeron que usted estaba aquí. Lamentablemente el cáncer se ha diseminado.

-Pero... sólo tiene quince años. El año que viene cumple dieciséis y no hace tanto que fuma.

-Es un caso especial, señora. Al parecer las células protectoras de los tejidos pulmonares en su hijo no cumplen la función que deben. El cáncer se está expandiendo al corazón, al otro pulmón y al cerebro un poco más lento. Mañana o pasado vendrán unos doctores y especialistas de Francia y Estados Unidos. Van a intentar hacer lo posible y con su autorización algunas investigaciones.

Hay veces en la vida, en las que preferiríamos estar metidos en una película, en una pesadilla o en una historia de ciencia ficción. Pero no, la señora Contreras sabe que todo lo que pasa es verdad. La vida podría no llegar a ser justa con Sayuri y con ella misma.

Ahora lo realmente importante era sujetarse con fuerza a lo que fuera, porque su pilar se está derrumbando a pasos inexplicablemente gigantescos y lo otro más importante era, cómo se lo iba a decir.





Nota de la Autora: Bueno, todos sabéis que estas historias no tienen una trama definida. Pensaba hacer 6 entradas para cada personaje, pero dadas las circustancias creo que Alejandra volverá a aparecer.

Preguntas o cualquier cosita en http://formspring.me/HarukoU

6.12.10

Cruel.

- Es lo menos que te puedes esperar, tío.

Mario da otra calada a su cigarro y bebe más de la mezcla que hay en el vaso de plástico; no está seguro de lo que es en realidad...algo de coca-cola con...¿ron podría ser? Ni idea. Se está empezando a poner más que tonto, muy borracho y los ojos le escuecen con los sentimientos a flor de piel, el humo de los cigarrillos y el frío despiadado del casi muerto noviembre.

- Pero... Yo sólo le dije que era mejor de amigos.

- Eso es imposible, gilipollas.- Mónica es franca, dura y sin pelos en la lengua. Cualidades muy peculiares que comparte con su hermana Carolina, a la que todos sus inmaduros amigos le llevan ganas.

Mónica mira con crueldad a la nada, la noche está oscura y el aliento se hace visible saliendo de sus bocas, en forma de humo blanco, cada vez que hablan o beben o fuman en ese parque desolado, a unas horas que ni los más descuidados se quedarían. Siente que Mario solloza y ve que como siempre, sólo es un niño que fuma mucha nicotina y poca mariguana y que al fin y al cabo siempre va a ser él mismo sólo delante de ella...

- Amiga del alma... Dejé escapar a Alejandra.- Los ojos de Mario se ponen más rojos de lo que pueden soportar y las lágrimas hacen una carrera mejillas abajo, hasta llegar a su cuello y colarse por la bufanda. El flequillo de cabellos castaños parece muy sucio y se le pega a la frente por el sudor que desprende su cuerpo ebrio a pesar de la helada.

- Fuiste muy poco valiente.

- Eso es muy dulce de tu parte, Mónica. Alejandra me odia, ¿lo sabes?

- Y tiene toda la razón, la chica. Eres un niñato inmaduro.

- Eso es lo que ella me dice cuando intento hablarle,- Mario se ríe amargamente, pero su humor se ha ido.- Es más cruel que... No lo sé.

Mario sabe que en realidad él ha sido el cruel, haciéndose el machote que no es, creyéndose más capaz que Alejandra, la chica a la que de verdad quería y que ella, ahora, sólo se puede escudar en una despiadada coraza de frialdad.

Porque es lo único que él le ha dejado y ahora, el destino se vuelve contra él en ese desolado parque a unas horas en las que el frío del moribundo noviembre es más cruel que...

23.11.10

Rien du tout.

Erica. No estás escuchando lo que te dice Carol. Erica. Tenéis que rellenar la hoja de pedidos de los materiales para el taller de tecnología. Erica... Tú lo sabías. Al final de todas las ilusiones no queda nada en absoluto.

-¡Erica!

Carol mira molesta a su compañera de sitio mientras ésta empieza a salir de su insana ensoñación.

-No me escuchas. ¿No ves que lo estoy pasando fatal?

-Si. Te oigo. Al final ella empezó a actuar por su cuenta.

Erica quita las dudas de su cabeza y mira con ojos de culpa a Carol. ¿Por qué los sentimientos tenían que jugar un papel tan importante en la vida? No, no. Es que ella le estaba dando demasiada importancia. ¿Por qué le daba importancia? Pero le parecía justo y suficiente, que aveces se sintiera cansada de Ramiro. Le amaba; le amaba más que a todo en el mundo. Pero si te pasas todos los días comiendo sopa de zanahoria te cansas. Y aunque ella aveces detectaba cierta culpabilidad en el rostro de su novio cuando anulaban alguna cita, se sentía incluso peor al descubrir una pequeña pero fuerte sensación de alivio.

-Y entonces, me siento horrible, Erica. Yo nunca hubiera hecho lo que ella hizo. Se suponía que estábamos juntas en esto. Que íbamos a empezar a pasar de Sergio para no ser muy pesadas. Pero no, va ella y le da el impulso de contarlo todo.

-¿Todo?

-Si, bueno, no todo. Ella le dijo que le gustaba.

-Bueno, ¿y él qué le dijo?

-Nada. Aún nada.- Erica juega con el bolígrafo y luego apunta en la hoja de materiales.

-Y tú... ¿Tú qué vas a hacer?

-Nada, Erica. Porque la sigo queriendo igual. Aunque haya roto la promesa. Yo nunca sería capaz de hacerlo; eso es lo que más me duele. Pero como dice mi abuela, cada día trae su propio afán.

-¡Uf! No sé qué decirte. Tu amiga tendrá sus razones.

Y Erica se decide de una vez a que no se puede permitir perder a Ramiro. No y mil veces no. Se intenta poner en el lugar de su amiga y se siente fatal. Ella por lo menos tiene a la persona que quiere.

-Bueno, Carol. Tienes que poner un poco las cosas en orden y acuérdate que de las ilusiones no queda...

-Rien du tout. Nada en absuloto. Lo sé.

Erica... ¡Aplícate el cuento! Que si sigues en las nubes lo vas a perder. También termina lo de tecnología, ¿si? Erica. Él te adora y tú a él. Deja que Carol viva lo que tiene que vivir; corre y ve y dile que le quieres. Que no dude. Erica. ¡Ya!



Esta es la última entrada para Erica.

14.11.10

La tentadora idea de dejarla.

Ramiro besa a Erica en la boca y se despide de ella.

-Adiós, Ramiro, -A Erica no le gusta ser melosa cuando él está con sus amigos- te veo mañana. Adiós Álvaro, Sergio.

Ramiro la mira mientras se marcha. Ella se va, con el cabello al viento y la lluvia empezando a caer mientras ellos se refugian debajo de un portal.

-¿Y qué decías...?

-Pues... Que la cosa va más seria de lo que esperaba, colega. La quiero. Pero me asusta.

-Entonces, corta con ella.

-No, no puedo.- Ramiro se encoge ante la idea de hacerle daño y Sergio resopla. Álvaro, impasible, no dice nada.

-¿Por qué entonces le pediste salir? ¿Por qué te la tiraste? ¿Y por qué ya no sientes lo mismo? ¿Hay otra?

-Callaos. Que esto son temas de marujas. Y de idiotas, -Álvaro mira a Ramiro con amistoso desprecio- que le da por querer de más a una mujer.

El impasible Álvaro ha hablado; es como Ferb, que sólo habla una frase por capítulo. Pero la frase de Álvaro duele. Sergio mira la lluvia caer más fuerte y escupe en el suelo, como queriendo no haber pronunciado ninguna de las preguntas que hizo antes.

Y Ramiro siente que se va a explotar, pero esta vez ya no es de amor.

9.11.10

Lo más importante de la vida.

A las mariposas residentes en su estómago las ha machacado, las ha aniquilado. Alejandra pasó por la tienda del olvido a comprar insecticida y ahora ya no pueden ni siquiera intentar revivir a sus fantasmas. Lo que en su momento pareció ser el fin del mundo ahora es una tontería; pero la verdad es que siempre lo fue y ella lo sabe.
 
Pero lo que hizo, lo hizo. Y punto y pelota. Ahora a estudiar como nunca, a salir los viernes por la noche para llegar el domingo por la mañana, reírse con Bob Esponja y tomar té japonés y Lacasitos. Si, si, si.
 
Si es que él (Mario) no valía la pena. Nadie valía la pena. Alejandra pensó que todo lo que había vivido hasta ese momento no lo podía ni procesar; no se había dado cuenta de nada. Su problema, pensó cruzando la pierna, es que no sabe vivir el momento.
 
-Está bien, vamos a hacerlo.
 
Se propuso que desde ese día en adelante saborearía realmente la ensalada César y las Patatas Deluxe del McDonalds; que desde ese día cantaría muy alto su canción favorita y que las fiestas las iba a vivir como si se fuesen a acabar enseguida; que a Erica la iba a abrazar muy fuerte y ser feliz así como ella, por que al fin y al cabo esa era una de las cosas más importantes de la vida.
 
-¿Las Patatas Deluxe?
 
No, Alejandra. ¡Ser feliz!
 
 
 
Este es el último capítulo para el personaje Alejandra.

2.11.10

María Antonieta, Ana Bolena y Juana de Arco se pasean por su cabeza.

-¿Y tú desde cuando fumas?- Erica mira con el ceño fruncido a Alejandra. Su amiga le devuelve una mirada de culpabilidad y da otra calada al cigarrillo que se va desvaneciendo poco a poco.- Bueno, en todo caso me sorprendería que no lo hicieras.

-¿Y eso?

-Pues no sé. La Selectividad, y esas cosas de vosotros los de bachillerato. Además el niñato de Mario.

-Ya. Bueno, me entenderás cuando llegues a dónde estoy yo.

En la cafetería no hay mucha gente. Sólo ellas dos, amigas y confidentes desde hace unos pocos años, que fingen aburrirse una tarde lluviosa de otoño con olor a humo de tabaco y al café de Erica. Una más mayor que la otra. Erica más feliz que Alejandra, aunque ésta le lleve experiencia por delante.

-La gente de su curso no para de hablar de mi. No paran de decir que le he pedido salir. Joder.

-Bueno, al menos eres popular.

-Esto no es una peli americana, Erica. Que para eso ya estás tú.- Se termina el cigarro y lo mata contra el cenicero. Suelta el humo hacia otro lado y Erica ríe disimuladamente.

-No son ni las siete de la tarde y ya empezamos a hablar de eso.

-Vale. Me callo. Que esa canción me gusta.

Y escuchan juntas a Cee Lo Green, el Lady Killer, diciéndole a esa chica que la jodan. La camarera se pasa por su mesa masticando chicle y les pregunta que si quieren algo más. En la tarjetita que lleva pegada su uniforme pone que se llama Carolina. Bonito nombre, piensa para sí Erica.

-No, gracias- responde Erica a la chica alta y guapa, pero que tiene cara de cansada.- Alejandra, por favor, deja esa actitud.

Y es que en efecto es algo desmoralizante verla cómo se hunde por una tontería. Ella que siempre fue tan optimista, alegre y feminista. Ella que podía compararse con un tornado, ahora había llegado un niño haciéndola hundir y desaparecer poco a poco en el vacío.

Y Maria Antonieta, Ana Bolena y Juana de Arco, las heroínas de Alejandra paseaban cogidas del brazo por su cabeza.

-Háblame de Ramiro, por favor.- Alejandra se lo pide a Erica. Se lo pide por favor. Como un enfermo hambriento al que le hablan de los más deliciosos manjares. Pero no puede comer.

Y Erica lo sabe.

25.10.10

No sabe que le duele más.

Otra vez los del último curso de secundaria con sus inútiles formas de querer recaudar dinero para su viaje de fin de curso (que encima es una cutreza, ahí en el mismo país. En su época se iban a Italia...) . Una fiesta de Halloween, y ella tiene el disfraz perfecto: enfermera sádica. Y la sangre del vestido se la iba a sacar a Mario del corazón, que esa semana se paseaba tan feliz con su novia la putilla enana, que la maldad no la deja crecer más de ciento cincuenta centímetros.

Alejandra cruza la pierna, provocadora, en la junta de estudiantes mientras todo eso se pasa por su cabeza. Mario, justo enfrente de ella se le van los ojos más allá de la minifalda roja y medias de mallas. Se muerde el labio, así como él solo sabe hacerlo y Alejandra se siente morir. Pero a la vez tiene en su pecho ese sentimiento triunfante de que él le dedique una mirada y algo más. Alejandra ya no sabe que le duele más, si verlo o no verlo.

Cobardía en su corazoncito de niña adulta y propuestas de premios para la fiesta de los de último curso de secundaria. Qué pesados, piensa. Pero para pesado Mario, que con su odiosa novia al lado y aún así no para de mirarla. A la salida de la reunión Alejandra sale como si nunca le hubiera visto en la vida, pero él la alcanza.

-Hola, Alejandra.

-Vaya, parece que te han regalado una lengua. O más bien un cerebro para poder hablar. Parece que te lo han dado defectuoso,- Alejandra le dedica su mirada más venenosa y le dirije una de burla a la pequeña zorra.- mira los fetiches que te dan últimamente.

Y sale y se va. La novia de Mario la llama, enojada. Pero él se queda atónito. ¡Vaya mujer! Supo que entonces ese día ya lejano de verano tuvo que habérselo dicho a ella, que le había mandado la indirecta y no a la liliputiense que se había tirado a medio centro estudiantil.

24.10.10

Cena de recuerdos.

Estaba cansada. Matada. Hecha polvo. Se tira en el sofá verde oliva y abraza el cojín rojo oscuro. Cierra los ojos y se ve a ella misma saliendo de casa a las siete de la mañana hacia su primer trabajo: Trabaja en una tienda de ropa de ocho a dos de la tarde. Y luego a eso de las cuatro de la tarde, con tres cafés circulándole por las venas se va a la cafetería hasta las once de la noche.

Todo sea por Mónica, se dice en la mente, que ya le tiene preparada la cena y los deberes están hechos sobre la mesa de madera negra; ''Para que veas que no te miento'' suele recalcar Mónica a Carolina. Y piensa en lo que dirían papá y mamá si supieran lo que es su hija menor. La pequeña y dulce Mónica. También se acuerda de cuando ella tenía uno o dos años más que su hermana.

Se levanta a la mesa y echa una ojeada a los cuadernos de su hermana. Se mete a la boca un trozo del pescado asado que ella le dejó y recuerda más. La sal y las especies de la cena se transforman en el sabor de su primer rechazo amoroso. Carolina hace un gesto de dolor y se lleva más pescado a la boca y lo pasa con un trago de zumo de mora.

Carolina se acuerda de sus rodillas temblando y sus manos también; pero de la rabia. Todo su orgullo se iba a pique y por la borda. Pero no importaba. claro que no. Y en los años que le quedaban en la secundaria hizo que ese chico se arrepintiera cada día de haberle dicho que no.

Las luces están apagadas y la televisión de Mónica se oye como un eco de otro mundo. Ya le daría las gracias por la cena. Los deberes estaban bien hechos, pero el corazón de Carolina se había vuelto un poco más negro por esa cena de recuerdos.



Os recuerdo que Mónica es la ex novia de Ramiro.

30.9.10

Como hielo en Coca-Cola.

- Hey, princesa, patata.- Ramiro abre la boca y Erica le lanza una patata que sale disparada en la dirección completamente contraria. La desafortunada se cae desde el techo del coche donde están sentados y queda a merced de las hormigas.

Se ríen, se ríen mucho.

- ¡Sabes que no soy buena en esto!- Y da un sorbo a su Nestea sonrojada, acomodándose el pelo detrás de la oreja.

- Ya, claro, yo me sé muy bien para qué eres buena.- Ramiro se acerca y la rodea con los brazos, tumbándola en el techo duro y mordiéndole el cuello.

- ¡Nooo! Digo, joder, no quiero un vampiro. Y soy buena en otras cosas, capullo.

Se hace la enfadada y no funciona, por que él la derrite, así como el hielo en la Coca-Cola ya olvidada a un lado de ellos. Se ríen mientras se besan, por que son felices, por que ellos son la historia de amor a primera vista y la que funciona, son el 1% (o tal vez el 2%, quién sabe...) que se quita la ropa con ternura y que bromean sobre lo mucho que se aman.

- Te quiero, estúpido.

- ¿Y eso?

- Me has recordado a el vampiro que brilla, ese Edward, casi vomito la hamburguesa.- Erica le pone morros y mira a las estrellas.

- Eres tan...

- ¿Tan qué?

- Nada.

- Vale.- Erica se encoje de hombros.

- ¿No me vas a pedir que te lo diga?- Él se rie vagamente sorprendido y la mira a los ojos.

- No.

Así de decidida y con mucho amor en el corazón de piruleta. Por eso cuando la vio supo que era para él. Para siempre, con la risa de primavera y las manos tan cálidas como el verano y besos de otoño; con pintalabios oscuro como las hojas, y, los ojos limpios, como el cielo nublado. Y aveces, la mirada de invierno.

Está tan obsesionado, y si pasa un segundo más, el corazón se le va a salir del pecho.

- Mía. Solo mía, ¿vale?

28.9.10

Con una X muy grande.

La mente de Carolina es como un cine. Si, si. Las películas pasan rápido, a cámara infinitamente veloz por delante de sus ojos. Su vida son esas películas y cada una lleva banda sonora. Se ríe y muerde la galleta con leche condensada en una habitación atestada de cosas raras. Si, cosas adolescentes, cosas pequeñitas que se guardan, olor a papel, lluvia de más allá de la ventana y olor a algo de locura.


¡DROGAS! DAME MÁS, DAME MÁS; NO LAS NECESITO. PERO LAS VOY A VENDER. VAMOS, DAME MÁS.


Carolina sale con los ojos muy, muy pintados de negro y se muerde los labios. Tiene que hacerse cargo de su hermana supuestamente menor, que ya ronda los catorce. Si, eso es lo raro, que ella con veintidos y todavía con habitación adolescente. Y miente, y hace cosas malas, aunque a su hermana no le guste. Pero joder, le paga el maldito instituto donde sus padres que están cinco metros bajo tierra siempre quisieron que estuviera. Y trabaja. Mucho.


¡AMOR! DAME MÁS, DAME MÁS; NO LO NECESITO. PERO VOY A COGER EL QUE ME DE LA GANA DE TU INGENUO CORAZÓN.

El pelo de Carolina se pega al cuello, y se apelmaza con el sudor; y aún así el chico que camina en dirección contraria a ella la ve muy guapa. Y si, va un tanto (algo más que eso) desordenada, los pantalones pegados al cuerpo azul desteñido están sucios y la camiseta verde oscura se le sube en las caderas.


- Perdona, ¿tienes hora?- El chico pregunta a Carolina cuando ya está lo bastante cerca a ella y le pone su mirada más encantadora que siempre derrite a las facilonas.


- Si. Tengo.- Y ella sigue recto, pasando de él,- ... como de comer mierda.


Y LO VOY A GUARDAR EN UNA BOLSA, EN UNA CAJA. ¡Y LA VOY A ENTERRAR, PARA LUEGO PONER UNA 'X' EN EL SUELO!


Parece que ella no es una facilona. Pero bueno, ya lo intentará otra vez.

- Na na na na...

22.9.10

La mente en tres mil pedazos.

Clase de inglés. Nueva clase de inglés y de todo. Compañeros diferentes a ella, compañeros que sólo saben de números y ciencias exactas y se siente como pez fuera del agua.

Profesora de inglés. Cual espantapájaros roído. Alejandra prefiere no odiarla y mirar el sol intruso de septiembre por la ventana. Se desespera, muerde el bolígrafo y vuelve a mirar a su alrededor sabiendo que después vendrá la clase de Química. Casi parte el plástico de la rabia y escucha a su profesora con una pronunciación fatal. Ella podría hacerlo mejor comiendo palomitas de maíz y bebiendo malteada de frutilla.

- ¡Mario! ¡Mariooo!

Da un brinco en la silla y deja de oír a su profesora. Empieza a escuchar los gritos que sobresalen de la algarabía procedente de la pista de fútbol que queda debajo de su ventana.

- ¡Mario! ¡Que me has pilladooo!

Malditos niños que gritan. Maldito niño que llama a... ¿Mario?

- Si, si, ya voy.

Joder, se dice, maldito Mario haciendo educación física en su hora de inglés de segundo de bachillerato. Ahora ya tiene la mente descompuesta en tres mil pedazos, ya no hay concentración y la espantapájaros asquerosa se puede ir a la mierda con sus ejercicios mediocres.

No sabe si se arruina el día o directamente la vida. No sabe que hace ahí, en esa clase llena de gente con la que no encaja, que no llega a su nivel académico, gente que la duerme del aburrimiento. No entiende por qué tiene que tener 18 años, no sabe si él pensará en ella. No sabe por qué ya no la saluda por los pasillos.

No entiende la actitud de Mario, incluso un ejercicio de trigonometría podría ser más fácil. Quisiera leerle la mente. Pero por querer... Ella quiere muchas cosas, ¿acaso tiene alguna?

4.9.10

Que no te voy a decir nada.

Ya lo sé. Prometí que no te iba a decir nada. Pero dieciocho años no se cumplen todos los días y yo sé que no vas a leer esto. Tienes razón en todo lo que dijiste sobre las personas que te hacen sentir bien sólo por que es tu cumpleaños. Ya, ya. Pero yo te quiero mucho, como la trucha al trucho, e intenté no hacer nada. Lo intenté, ¿eso cuenta, no? Bah! Felicidades. Te quiero un montón.

1.9.10

Diferente a mi.

A Ramiro su novia le ha dejado. La confusa promesa de verse con Erica al otoño parece nublada y apenas la puede ver por el pueblo de vez en cuando. Parece muy ocupada. Pero recuerda que hace ya cinco meses su novia le ha dejado. Después, conoció a Erica y todo va mejor.

Eran tal para cual, Ramiro y Mónica. Pero resulta que a los dos les gustaba lo mismo: las mujeres.

El viento se lleva con las hojas marrones esos molestos pensamientos que son como patadas en las pelotas y Erica cruza la plaza. Ramiro está sentado en uno de los bancos del lugar, con frío y el corazón en la basura. Corre y la alcanza agarrándola por el brazo. Ella tiene los labios pintados de rojo oscuro y los ojos sin maquillaje. Así mejor, piensa él.

Entonces ella sonríe y él se deja contagiar por su alegría inexplicable. Pero descubren que a Erica le gusta el frío y a él, el calor. A Ramiro el verde y a ella el rojo. Ella dice no y él si. Pero se besan con pasión cohibida y se olvida todo. Al despedirse a ella se le nota la inseguridad por esa cita imprevista y romántica.

-Bueno, hemos cumplido la promesa. Espero que no te haya defraudado.

-Mejor así, princesa, mejor que seas diferente a mí.

Y luego se abrazan y sienten miedo por que apenas se conocen y ya se aman tanto, tanto... Ah, pero no todo tenía que ser un amor sufrido en el mundo. ¡Claro que es posible que dos personas se enamoren perdidamente uno del otro.

-Somo uno en un millón.- Y ella sonríe cerrando los ojos sin soltarle.- Pero me mentiste, no te gusta el frío, ni el otoño.

-Tú eres el otoño, así si que me gusta.

29.8.10

Algo de maría para volar.

Ella está sorda. Y ciega. Y hasta muda, por desgracia. Ah, si Alejandra se diera cuenta de cómo él la mira.

Pero no, ella se pone a pensar que dos personas puedan estar enamoradas mutuamente sólo pasa en las aburridas novelas de Stephenie Meyer. Pero Mario la quiere, la adora un montón. Y lo que empezó sólo con un pequeño interés se ha convertido en una adicción. Como la mariguana que aveces se fuma y que intenta olvidar.

Pero si es tres años mayor que yo, se dice Mario. Y saca conjeturas y monólogos de su cabeza, como que sus padres se llevan siete años y que en realidad no es tanto. Pero la duda se expande como humo por su mente, y le nubla la esperanza diciéndole que por la edad en la que están eso es mucho.

Mario se pregunta por qué ella odia el calor. No entiende por qué Alejandra cada que le ve se aleja de él cómo si le doliera el estómago. Es muy confuso. Ojalá hubiera un manual. Pero no, le esperan ecuaciones por resolver y quince años que cumplir para alcanzarla en sus dieciocho. Le esperan las críticas de sus padres y uno que otro cigarro, y si hay suerte (no lo considera así en realidad) algo de maría para volar.

Los días se mueren con su recuerdo.

Ya no hay tiempo de leer, ni de escuchar música, ni de pintar elefantes azules en una cartulina amarilla. El tiempo del verano se le fue de las manos y Erica mira con tristeza los libros de texto. Pereza. Sueño. Y muchas ganas de ver algo fuera de lo normal. Los días pasan ajenos a su letargo de calor y se pelea con el libro de matemáticas cada vez más. Siempre gana él; y a Erica no le queda más que resolverle los problemas.

Con el libro de Química ya es diferente. Ah, él es tan raro...! Cuando le cuenta historias Erica hasta se ríe. Pero entonces empieza a comportarse como el Señor Resuelve mis Problemas y ella se enfada.

Aún así no deja de escaparse por las noches entre festivales y las últimas funciones de cine de verano con su hermano mayor. Él la lleva de la mano. Frente a quien no les conozca podrían parecer una pareja de adolescentes. La idea le da repelús y se ríe.

Entonces allá, sentado en una de las sillas mientras muchos de su edad se hacen niños viendo Sherk 2, le ve. Ramiro le sonríe y ella saborea con amargura e ilusión mezclados, los días anteriores. Esos días que mueren cada atardecer con su recuerdo. Ira. Amor. Y muchas ganas de verlo todos los días.

- ¿Qué tal te va?- Su hermano con sus amigos apartado de ella, y ella... Con el corazoncito en la mano y una sonrisa segura en los labios.

-Nada, espero las hojas en el suelo.

-A mi también me gusta el otoño.

Y luego se acaba la película. Y los dueños del negocio recogen el proyector. Y él le dice que está loca. Risas y más risas. Y luego un beso furtivo con las estrellas como espías, timidez al despedirse, como si tuvieran doce años.

-Si eso, te veo con las hojas en el suelo, princesa.

Ah, si. Princesa.

3.8.10

Los pumas dormilones de su cama.

Las Converse All Star de Carol levantaron polvo de la tierra cuando se bajó de un salto de la Harley Davidson negra. Su rostro es serio, pulido y con un atractivo innegable, que hace parecer como si estuviera enfadada; pero no, ella está muy feliz.
El cabello castaño claro baila con la brisa y choca de vez en cuando con la camiseta gris que combina con sus pantalones ceñidos a las piernas. Se dirige hacia un árbol en lo alto de la colina que está al lado del camino donde dejó descansando su motocicleta. Ah, ése árbol era mágico para ella; ahí siempre soñaba que volaba y que en su próximo cumpleaños -los 9 años- tendría un puma de regalo.
Pero la inocencia tiene un límite y ella dejó de volar para estudiar cada vez más, y cuidar de sus hermanos pequeños, sabiendo que tendría que conformarse con el gato de su tía.
Aún así, Carol está muy feliz. Por que aún sin la compañía de la inocencia puede volar en su motocicleta y tiene muchos peluches de pumas dormitando en su cama.
Carol saca un bolígrafo de punta gruesa y empieza a escribir en las hojas del árbol, manchándolo de negro, jugando a tatuarlo sin su permiso. Y se ríe, por que es uno de los pocos momentos en que puede dar un respiro y volver la vista a atrás.
Nadie sabe las palabras que le escribe al árbol ¿Le pide deseos? ¿Le cuenta secretos? ¿Le da las gracias por escucharla? No se sabe, nadie lo sabe.
Carol, está feliz; vuela en su motocicleta camino a casa donde la esperan los pumas dormilones en su cama.




Para mi amiga Carol. Te quiero un montón.

La música ensordecedora del festival.

Alejandra se pasea por las calles atestadas de gente y de luces en medio del bullicioso festival. Cada año, lo mismo de siempre, y suspira y se pregunta si le podrá ver aunque sea por un segundo.
Después de pasar por los puestos de la comida basura que huelen a aceite requemado y por los toldos de ropa que traen los extranjeros, baja por una calle estrecha y se encuentra con el parque por el que paseaba en invierno en las tardes solitarias, donde su única compañera es la helada -sus amigos prefieren estar dentro de sus casa, calientes y viendo la tele-.
El verano lo daña todo, piensa para sí, y suspira mientras la música ensordecedora la aturde y le hace esquivar algunas atracciones mecánicas donde la ponen demasiado fuerte. Ahí están lo coches de choque de todos los años, la cárcel voladora, el pulpo, la olla...
Se ríe, se ríe por que hace que su mente se desquicie al extremo de la cordura.
Y le ve; y la sonrisa se esfuma de su cara. Algo se remueve ahí, en el estómago y se olvida de todo. Las luces del monótono festival han desaparecido y sólo queda él; menudito y tierno como siempre lo ha sido.
La euforia enamorada de sí misma desaparece y le abre la puerta a la angustia y a la rabia que la golpean para que deje de mirarle antes de que él se de cuenta de su presencia.
Lo que ella no sabe es que él, desde uno de los bancos en frente de los coches de choque ya la había visto antes, hermosa y misteriosa como es.
Pero ella se da la vuelta, destrozada y con más rabia de la que se puede tolerar. Pero es su culpa, ¿quién le manda a enamorarse de alguien menor?
Las cosas serían muy complicadas.