Otra vez los del último curso de secundaria con sus inútiles formas de querer recaudar dinero para su viaje de fin de curso (que encima es una cutreza, ahí en el mismo país. En su época se iban a Italia...) . Una fiesta de Halloween, y ella tiene el disfraz perfecto: enfermera sádica. Y la sangre del vestido se la iba a sacar a Mario del corazón, que esa semana se paseaba tan feliz con su novia la putilla enana, que la maldad no la deja crecer más de ciento cincuenta centímetros.
Alejandra cruza la pierna, provocadora, en la junta de estudiantes mientras todo eso se pasa por su cabeza. Mario, justo enfrente de ella se le van los ojos más allá de la minifalda roja y medias de mallas. Se muerde el labio, así como él solo sabe hacerlo y Alejandra se siente morir. Pero a la vez tiene en su pecho ese sentimiento triunfante de que él le dedique una mirada y algo más. Alejandra ya no sabe que le duele más, si verlo o no verlo.
Cobardía en su corazoncito de niña adulta y propuestas de premios para la fiesta de los de último curso de secundaria. Qué pesados, piensa. Pero para pesado Mario, que con su odiosa novia al lado y aún así no para de mirarla. A la salida de la reunión Alejandra sale como si nunca le hubiera visto en la vida, pero él la alcanza.
-Hola, Alejandra.
-Vaya, parece que te han regalado una lengua. O más bien un cerebro para poder hablar. Parece que te lo han dado defectuoso,- Alejandra le dedica su mirada más venenosa y le dirije una de burla a la pequeña zorra.- mira los fetiches que te dan últimamente.
Y sale y se va. La novia de Mario la llama, enojada. Pero él se queda atónito. ¡Vaya mujer! Supo que entonces ese día ya lejano de verano tuvo que habérselo dicho a ella, que le había mandado la indirecta y no a la liliputiense que se había tirado a medio centro estudiantil.
25.10.10
No sabe que le duele más.
24.10.10
Cena de recuerdos.
Estaba cansada. Matada. Hecha polvo. Se tira en el sofá verde oliva y abraza el cojín rojo oscuro. Cierra los ojos y se ve a ella misma saliendo de casa a las siete de la mañana hacia su primer trabajo: Trabaja en una tienda de ropa de ocho a dos de la tarde. Y luego a eso de las cuatro de la tarde, con tres cafés circulándole por las venas se va a la cafetería hasta las once de la noche.
Todo sea por Mónica, se dice en la mente, que ya le tiene preparada la cena y los deberes están hechos sobre la mesa de madera negra; ''Para que veas que no te miento'' suele recalcar Mónica a Carolina. Y piensa en lo que dirían papá y mamá si supieran lo que es su hija menor. La pequeña y dulce Mónica. También se acuerda de cuando ella tenía uno o dos años más que su hermana.
Se levanta a la mesa y echa una ojeada a los cuadernos de su hermana. Se mete a la boca un trozo del pescado asado que ella le dejó y recuerda más. La sal y las especies de la cena se transforman en el sabor de su primer rechazo amoroso. Carolina hace un gesto de dolor y se lleva más pescado a la boca y lo pasa con un trago de zumo de mora.
Carolina se acuerda de sus rodillas temblando y sus manos también; pero de la rabia. Todo su orgullo se iba a pique y por la borda. Pero no importaba. claro que no. Y en los años que le quedaban en la secundaria hizo que ese chico se arrepintiera cada día de haberle dicho que no.
Las luces están apagadas y la televisión de Mónica se oye como un eco de otro mundo. Ya le daría las gracias por la cena. Los deberes estaban bien hechos, pero el corazón de Carolina se había vuelto un poco más negro por esa cena de recuerdos.
Os recuerdo que Mónica es la ex novia de Ramiro.
Todo sea por Mónica, se dice en la mente, que ya le tiene preparada la cena y los deberes están hechos sobre la mesa de madera negra; ''Para que veas que no te miento'' suele recalcar Mónica a Carolina. Y piensa en lo que dirían papá y mamá si supieran lo que es su hija menor. La pequeña y dulce Mónica. También se acuerda de cuando ella tenía uno o dos años más que su hermana.
Se levanta a la mesa y echa una ojeada a los cuadernos de su hermana. Se mete a la boca un trozo del pescado asado que ella le dejó y recuerda más. La sal y las especies de la cena se transforman en el sabor de su primer rechazo amoroso. Carolina hace un gesto de dolor y se lleva más pescado a la boca y lo pasa con un trago de zumo de mora.
Carolina se acuerda de sus rodillas temblando y sus manos también; pero de la rabia. Todo su orgullo se iba a pique y por la borda. Pero no importaba. claro que no. Y en los años que le quedaban en la secundaria hizo que ese chico se arrepintiera cada día de haberle dicho que no.
Las luces están apagadas y la televisión de Mónica se oye como un eco de otro mundo. Ya le daría las gracias por la cena. Los deberes estaban bien hechos, pero el corazón de Carolina se había vuelto un poco más negro por esa cena de recuerdos.
Os recuerdo que Mónica es la ex novia de Ramiro.
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