Erica. No estás escuchando lo que te dice Carol. Erica. Tenéis que rellenar la hoja de pedidos de los materiales para el taller de tecnología. Erica... Tú lo sabías. Al final de todas las ilusiones no queda nada en absoluto.
-¡Erica!
Carol mira molesta a su compañera de sitio mientras ésta empieza a salir de su insana ensoñación.
-No me escuchas. ¿No ves que lo estoy pasando fatal?
-Si. Te oigo. Al final ella empezó a actuar por su cuenta.
Erica quita las dudas de su cabeza y mira con ojos de culpa a Carol. ¿Por qué los sentimientos tenían que jugar un papel tan importante en la vida? No, no. Es que ella le estaba dando demasiada importancia. ¿Por qué le daba importancia? Pero le parecía justo y suficiente, que aveces se sintiera cansada de Ramiro. Le amaba; le amaba más que a todo en el mundo. Pero si te pasas todos los días comiendo sopa de zanahoria te cansas. Y aunque ella aveces detectaba cierta culpabilidad en el rostro de su novio cuando anulaban alguna cita, se sentía incluso peor al descubrir una pequeña pero fuerte sensación de alivio.
-Y entonces, me siento horrible, Erica. Yo nunca hubiera hecho lo que ella hizo. Se suponía que estábamos juntas en esto. Que íbamos a empezar a pasar de Sergio para no ser muy pesadas. Pero no, va ella y le da el impulso de contarlo todo.
-¿Todo?
-Si, bueno, no todo. Ella le dijo que le gustaba.
-Bueno, ¿y él qué le dijo?
-Nada. Aún nada.- Erica juega con el bolígrafo y luego apunta en la hoja de materiales.
-Y tú... ¿Tú qué vas a hacer?
-Nada, Erica. Porque la sigo queriendo igual. Aunque haya roto la promesa. Yo nunca sería capaz de hacerlo; eso es lo que más me duele. Pero como dice mi abuela, cada día trae su propio afán.
-¡Uf! No sé qué decirte. Tu amiga tendrá sus razones.
Y Erica se decide de una vez a que no se puede permitir perder a Ramiro. No y mil veces no. Se intenta poner en el lugar de su amiga y se siente fatal. Ella por lo menos tiene a la persona que quiere.
-Bueno, Carol. Tienes que poner un poco las cosas en orden y acuérdate que de las ilusiones no queda...
-Rien du tout. Nada en absuloto. Lo sé.
Erica... ¡Aplícate el cuento! Que si sigues en las nubes lo vas a perder. También termina lo de tecnología, ¿si? Erica. Él te adora y tú a él. Deja que Carol viva lo que tiene que vivir; corre y ve y dile que le quieres. Que no dude. Erica. ¡Ya!
Esta es la última entrada para Erica.
23.11.10
14.11.10
La tentadora idea de dejarla.
Ramiro besa a Erica en la boca y se despide de ella.
-Adiós, Ramiro, -A Erica no le gusta ser melosa cuando él está con sus amigos- te veo mañana. Adiós Álvaro, Sergio.
Ramiro la mira mientras se marcha. Ella se va, con el cabello al viento y la lluvia empezando a caer mientras ellos se refugian debajo de un portal.
-¿Y qué decías...?
-Pues... Que la cosa va más seria de lo que esperaba, colega. La quiero. Pero me asusta.
-Entonces, corta con ella.
-No, no puedo.- Ramiro se encoge ante la idea de hacerle daño y Sergio resopla. Álvaro, impasible, no dice nada.
-¿Por qué entonces le pediste salir? ¿Por qué te la tiraste? ¿Y por qué ya no sientes lo mismo? ¿Hay otra?
-Callaos. Que esto son temas de marujas. Y de idiotas, -Álvaro mira a Ramiro con amistoso desprecio- que le da por querer de más a una mujer.
El impasible Álvaro ha hablado; es como Ferb, que sólo habla una frase por capítulo. Pero la frase de Álvaro duele. Sergio mira la lluvia caer más fuerte y escupe en el suelo, como queriendo no haber pronunciado ninguna de las preguntas que hizo antes.
Y Ramiro siente que se va a explotar, pero esta vez ya no es de amor.
-Adiós, Ramiro, -A Erica no le gusta ser melosa cuando él está con sus amigos- te veo mañana. Adiós Álvaro, Sergio.
Ramiro la mira mientras se marcha. Ella se va, con el cabello al viento y la lluvia empezando a caer mientras ellos se refugian debajo de un portal.
-¿Y qué decías...?
-Pues... Que la cosa va más seria de lo que esperaba, colega. La quiero. Pero me asusta.
-Entonces, corta con ella.
-No, no puedo.- Ramiro se encoge ante la idea de hacerle daño y Sergio resopla. Álvaro, impasible, no dice nada.
-¿Por qué entonces le pediste salir? ¿Por qué te la tiraste? ¿Y por qué ya no sientes lo mismo? ¿Hay otra?
-Callaos. Que esto son temas de marujas. Y de idiotas, -Álvaro mira a Ramiro con amistoso desprecio- que le da por querer de más a una mujer.
El impasible Álvaro ha hablado; es como Ferb, que sólo habla una frase por capítulo. Pero la frase de Álvaro duele. Sergio mira la lluvia caer más fuerte y escupe en el suelo, como queriendo no haber pronunciado ninguna de las preguntas que hizo antes.
Y Ramiro siente que se va a explotar, pero esta vez ya no es de amor.
9.11.10
Lo más importante de la vida.
A las mariposas residentes en su estómago las ha machacado, las ha aniquilado. Alejandra pasó por la tienda del olvido a comprar insecticida y ahora ya no pueden ni siquiera intentar revivir a sus fantasmas. Lo que en su momento pareció ser el fin del mundo ahora es una tontería; pero la verdad es que siempre lo fue y ella lo sabe.
Pero lo que hizo, lo hizo. Y punto y pelota. Ahora a estudiar como nunca, a salir los viernes por la noche para llegar el domingo por la mañana, reírse con Bob Esponja y tomar té japonés y Lacasitos. Si, si, si.
Si es que él (Mario) no valía la pena. Nadie valía la pena. Alejandra pensó que todo lo que había vivido hasta ese momento no lo podía ni procesar; no se había dado cuenta de nada. Su problema, pensó cruzando la pierna, es que no sabe vivir el momento.
-Está bien, vamos a hacerlo.
Se propuso que desde ese día en adelante saborearía realmente la ensalada César y las Patatas Deluxe del McDonalds; que desde ese día cantaría muy alto su canción favorita y que las fiestas las iba a vivir como si se fuesen a acabar enseguida; que a Erica la iba a abrazar muy fuerte y ser feliz así como ella, por que al fin y al cabo esa era una de las cosas más importantes de la vida.
-¿Las Patatas Deluxe?
No, Alejandra. ¡Ser feliz!
Este es el último capítulo para el personaje Alejandra.
de un color como:
Alejandra
2.11.10
María Antonieta, Ana Bolena y Juana de Arco se pasean por su cabeza.
-¿Y tú desde cuando fumas?- Erica mira con el ceño fruncido a Alejandra. Su amiga le devuelve una mirada de culpabilidad y da otra calada al cigarrillo que se va desvaneciendo poco a poco.- Bueno, en todo caso me sorprendería que no lo hicieras.
-¿Y eso?
-Pues no sé. La Selectividad, y esas cosas de vosotros los de bachillerato. Además el niñato de Mario.
-Ya. Bueno, me entenderás cuando llegues a dónde estoy yo.
En la cafetería no hay mucha gente. Sólo ellas dos, amigas y confidentes desde hace unos pocos años, que fingen aburrirse una tarde lluviosa de otoño con olor a humo de tabaco y al café de Erica. Una más mayor que la otra. Erica más feliz que Alejandra, aunque ésta le lleve experiencia por delante.
-La gente de su curso no para de hablar de mi. No paran de decir que le he pedido salir. Joder.
-Bueno, al menos eres popular.
-Esto no es una peli americana, Erica. Que para eso ya estás tú.- Se termina el cigarro y lo mata contra el cenicero. Suelta el humo hacia otro lado y Erica ríe disimuladamente.
-No son ni las siete de la tarde y ya empezamos a hablar de eso.
-Vale. Me callo. Que esa canción me gusta.
Y escuchan juntas a Cee Lo Green, el Lady Killer, diciéndole a esa chica que la jodan. La camarera se pasa por su mesa masticando chicle y les pregunta que si quieren algo más. En la tarjetita que lleva pegada su uniforme pone que se llama Carolina. Bonito nombre, piensa para sí Erica.
-No, gracias- responde Erica a la chica alta y guapa, pero que tiene cara de cansada.- Alejandra, por favor, deja esa actitud.
Y es que en efecto es algo desmoralizante verla cómo se hunde por una tontería. Ella que siempre fue tan optimista, alegre y feminista. Ella que podía compararse con un tornado, ahora había llegado un niño haciéndola hundir y desaparecer poco a poco en el vacío.
Y Maria Antonieta, Ana Bolena y Juana de Arco, las heroínas de Alejandra paseaban cogidas del brazo por su cabeza.
-Háblame de Ramiro, por favor.- Alejandra se lo pide a Erica. Se lo pide por favor. Como un enfermo hambriento al que le hablan de los más deliciosos manjares. Pero no puede comer.
Y Erica lo sabe.
-¿Y eso?
-Pues no sé. La Selectividad, y esas cosas de vosotros los de bachillerato. Además el niñato de Mario.
-Ya. Bueno, me entenderás cuando llegues a dónde estoy yo.
En la cafetería no hay mucha gente. Sólo ellas dos, amigas y confidentes desde hace unos pocos años, que fingen aburrirse una tarde lluviosa de otoño con olor a humo de tabaco y al café de Erica. Una más mayor que la otra. Erica más feliz que Alejandra, aunque ésta le lleve experiencia por delante.
-La gente de su curso no para de hablar de mi. No paran de decir que le he pedido salir. Joder.
-Bueno, al menos eres popular.
-Esto no es una peli americana, Erica. Que para eso ya estás tú.- Se termina el cigarro y lo mata contra el cenicero. Suelta el humo hacia otro lado y Erica ríe disimuladamente.
-No son ni las siete de la tarde y ya empezamos a hablar de eso.
-Vale. Me callo. Que esa canción me gusta.
Y escuchan juntas a Cee Lo Green, el Lady Killer, diciéndole a esa chica que la jodan. La camarera se pasa por su mesa masticando chicle y les pregunta que si quieren algo más. En la tarjetita que lleva pegada su uniforme pone que se llama Carolina. Bonito nombre, piensa para sí Erica.
-No, gracias- responde Erica a la chica alta y guapa, pero que tiene cara de cansada.- Alejandra, por favor, deja esa actitud.
Y es que en efecto es algo desmoralizante verla cómo se hunde por una tontería. Ella que siempre fue tan optimista, alegre y feminista. Ella que podía compararse con un tornado, ahora había llegado un niño haciéndola hundir y desaparecer poco a poco en el vacío.
Y Maria Antonieta, Ana Bolena y Juana de Arco, las heroínas de Alejandra paseaban cogidas del brazo por su cabeza.
-Háblame de Ramiro, por favor.- Alejandra se lo pide a Erica. Se lo pide por favor. Como un enfermo hambriento al que le hablan de los más deliciosos manjares. Pero no puede comer.
Y Erica lo sabe.
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