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29.8.10

Los días se mueren con su recuerdo.

Ya no hay tiempo de leer, ni de escuchar música, ni de pintar elefantes azules en una cartulina amarilla. El tiempo del verano se le fue de las manos y Erica mira con tristeza los libros de texto. Pereza. Sueño. Y muchas ganas de ver algo fuera de lo normal. Los días pasan ajenos a su letargo de calor y se pelea con el libro de matemáticas cada vez más. Siempre gana él; y a Erica no le queda más que resolverle los problemas.

Con el libro de Química ya es diferente. Ah, él es tan raro...! Cuando le cuenta historias Erica hasta se ríe. Pero entonces empieza a comportarse como el Señor Resuelve mis Problemas y ella se enfada.

Aún así no deja de escaparse por las noches entre festivales y las últimas funciones de cine de verano con su hermano mayor. Él la lleva de la mano. Frente a quien no les conozca podrían parecer una pareja de adolescentes. La idea le da repelús y se ríe.

Entonces allá, sentado en una de las sillas mientras muchos de su edad se hacen niños viendo Sherk 2, le ve. Ramiro le sonríe y ella saborea con amargura e ilusión mezclados, los días anteriores. Esos días que mueren cada atardecer con su recuerdo. Ira. Amor. Y muchas ganas de verlo todos los días.

- ¿Qué tal te va?- Su hermano con sus amigos apartado de ella, y ella... Con el corazoncito en la mano y una sonrisa segura en los labios.

-Nada, espero las hojas en el suelo.

-A mi también me gusta el otoño.

Y luego se acaba la película. Y los dueños del negocio recogen el proyector. Y él le dice que está loca. Risas y más risas. Y luego un beso furtivo con las estrellas como espías, timidez al despedirse, como si tuvieran doce años.

-Si eso, te veo con las hojas en el suelo, princesa.

Ah, si. Princesa.

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