- Es lo menos que te puedes esperar, tío.
Mario da otra calada a su cigarro y bebe más de la mezcla que hay en el vaso de plástico; no está seguro de lo que es en realidad...algo de coca-cola con...¿ron podría ser? Ni idea. Se está empezando a poner más que tonto, muy borracho y los ojos le escuecen con los sentimientos a flor de piel, el humo de los cigarrillos y el frío despiadado del casi muerto noviembre.
- Pero... Yo sólo le dije que era mejor de amigos.
- Eso es imposible, gilipollas.- Mónica es franca, dura y sin pelos en la lengua. Cualidades muy peculiares que comparte con su hermana Carolina, a la que todos sus inmaduros amigos le llevan ganas.
Mónica mira con crueldad a la nada, la noche está oscura y el aliento se hace visible saliendo de sus bocas, en forma de humo blanco, cada vez que hablan o beben o fuman en ese parque desolado, a unas horas que ni los más descuidados se quedarían. Siente que Mario solloza y ve que como siempre, sólo es un niño que fuma mucha nicotina y poca mariguana y que al fin y al cabo siempre va a ser él mismo sólo delante de ella...
- Amiga del alma... Dejé escapar a Alejandra.- Los ojos de Mario se ponen más rojos de lo que pueden soportar y las lágrimas hacen una carrera mejillas abajo, hasta llegar a su cuello y colarse por la bufanda. El flequillo de cabellos castaños parece muy sucio y se le pega a la frente por el sudor que desprende su cuerpo ebrio a pesar de la helada.
- Fuiste muy poco valiente.
- Eso es muy dulce de tu parte, Mónica. Alejandra me odia, ¿lo sabes?
- Y tiene toda la razón, la chica. Eres un niñato inmaduro.
- Eso es lo que ella me dice cuando intento hablarle,- Mario se ríe amargamente, pero su humor se ha ido.- Es más cruel que... No lo sé.
Mario sabe que en realidad él ha sido el cruel, haciéndose el machote que no es, creyéndose más capaz que Alejandra, la chica a la que de verdad quería y que ella, ahora, sólo se puede escudar en una despiadada coraza de frialdad.
Porque es lo único que él le ha dejado y ahora, el destino se vuelve contra él en ese desolado parque a unas horas en las que el frío del moribundo noviembre es más cruel que...
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