Punto de vista de Alejandra.
Blanco. ¿Por qué los hospitales son blancos? Así me mareo mucho y para joderlo todo aún más este hospital parece un laberinto. Nunca creí que esto llegaría a pasar, que después de mis vacaciones navideñas en Venecia me llamarían diciéndome que su vida se acaba; y por tanto la mía casi que también. Cáncer de no sé qué de pulmón, no me explicaba cómo podía ser posible. No me explicaba cómo podía seguir Mario vivo estando a 20 de enero y cuando le habían diagnosticado como mucho una semana más para respirar. Que no se muera, que pueda llegar a decirle que lo siento.
Cuando abrí la puerta de la habitación toda su familia se volteó a verme. Estaba su hermana mayor con su padre y al otro lado su madre. Después bajaron todos la mirada y pasaron a mi lado dejándome sola. No podía ver bien a Mario, tenía los ojos emborronados por las traicioneras lágrimas y todo era tan blanco... Entonces, un frío espantoso se apoderó de la habitación cuando estuve a los pies de su cama y abrió los ojos llenos de ojeras para mirarme, también llorando.
---
Punto de vista de Mario.
Estaba preciosa, como siempre. Aún traía el aire invernal enredado en el pelo y estaba llorando. Llevaba unas mayas negras y un pantalón corto encima, con una camisa azul clara y su bolso de siempre marrón. Había alguien con ella, la mujer que me había venido a visitar esta mañana, estaba sentada en el sofá que se encontraba al lado de Alejandra y miraba por la ventana.
-Ella está aquí.- Le dije, mi voz sonaba horrible, joder. Qué vergüenza, pero a la vez que alivio que esté aquí Alejandra.- Está detrás de ti.
Como les pasaba a todos, se asustaban y ella abrió los ojos y miró detrás suyo.
-Mario... No hay nadie.- La voz le tembló. Se secó las lágrimas que le quedaban en las mejillas y temblando se acercó a mi.- Sólo estoy yo,- me acarició la mejilla y me sonrió como un ángel.- no me asustes.
A pesar de todo el dolor que sentía por todo el cuerpo me hizo muy feliz verla. Le pedí perdón mil veces por todo y ella sonriéndome con tristeza me dijo que no hablara, que todo estaba bien. Me contó que estaba en Venecia de vacaciones y que cuando llegó su amiga le llamó contándoselo todo. Me pidió perdón, ella también y miraba nerviosa al sofá donde estaba la mujer de blanco.
-¿No la ves?
-No.
-Pues no tengas miedo, ella es buena. Dijo que tenía que aguantar hasta que tú llegaras, y que luego iríamos a un sitio.
----
Punto de vista de Alejandra.
Ahora mismo ante mí podría estar agonizando cualquier persona y no me dolería. Pero él... La voz la tenía fatal y cada palabra que me decía era un esfuerzo sobrehumano. No me soltaba la mano y me miraba con los ojos nublados. Entonces supe que se tenía que ir con ella, con esa mujer. Los ojos los tenía rojos y con ojeras, parecía que su familia le había arreglado y tenía el pelo precioso como siempre, significaba también que no dio tiempo a hacerle la quimioterapia. De vez en cuando cerraba los ojos y cuando me oía sollozar los volvía a abrir. El frío aumentaba así como mi dolor en el pecho. Me acerqué a él hasta que mis labios le rozaron la oreja y se estremeció en su agonía.
-Te amo, Mario. Lo sabes... ¿Por qué me dejas?- Las lágrimas mojaron su pelo que olía a shampoo desinfectante pero su sudor era él en persona. Su olor que sólo iba a conocer por esta vez en toda la vida.
-Ella dice que no se te ocurra decir que quieres venir conmigo. Tengo frío, Alejandra. Y nunca creí que lo diría...- Empezó a toser y unas gotas de sangre le salpicaron los labios. El catéter que salía de su cuello parecía que le hacía daño así como el que le salía del brazo.- Te amo, mi ángel. Quédate conmigo hasta que ella me lleve.
Si me decía una palabra más sobre la cosa que yo no podía ver pensaba que saldría corriendo por la puerta. Mi frente seguía pegada a su mejilla. La vida me daba lo que más había querido siempre para quitármelo al instante.
---
Punto de vista de Mario.
Su lengua. Su lengua caliente sobre mis labios lamiendo la sangre que expulsaba mi cuerpo, esa sangre que decía que ya no podía vivir más. Me dio vergüenza. Si hubiera estado en otras condiciones la agarraría del pelo y le mordería los labios. Tan vivos... Ella tenía vida, vida con la que mi hizo doler todo cuando me agarró del pelo con rabia. Supuse que era rabia porque sabía lo que se nos venía encima. Y después, su lengua otra vez, rozando la mía. Parecía que me quería arrancar el poco aliento que me quedaba y a la vez darme todo el suyo. No me soltó la mano y me susurraba que me quería más que a nada en la tierra, que me quedara con ella, que era su pequeño idiota y que la estaba matando con mi muerte.
-¿A qué sabe mi sangre?- Le sonreí morbosamente mientras me besaba los párpados y paró en seco suspirando.
-Sabe a ti. A amor y a...
-Muerte. Lo sé. Alejandra, prométeme que seguirás caminando en el mundo sin miedo, ¿vale? Esto es muy raro...- más tos, más sangre. No podía mover las manos y ella lloraba en silencio mirándome.- ...en alguien como yo.
-Tengo miedo de seguir viviendo.- Me apretó más la mano y no le dejé ver que me dolía infiernos. Sentí mucho frío y el aparato que marcaba mi pulso empezó a hacer un ruido raro.
-Mira, ella se ha levantado del sofá. Viene hacia aquí.
---
Punto de vista de Alejandra.
Ya no me asustaba el fantasma que Mario veía. El miedo de saber que nunca más le tendría conmigo abrió un abismo enorme entre mi cuerpo y el dolor, quedando sólo el dolor. Le besé y supe que sería el último beso. Sangre, lágrimas y su boca que estaba completamente fría. Le agarré de la mano y me retiré porque sentí pasos. Y frío, la habitación estaba helada. Las enfermeras entraron y la familia con ellas. Revisaron todo y se miraron entre sí. La madre de Mario acarició su otra mano y las enfermeras se retiraron al fondo de la habitación.
-Alejandra...- parecía que asentía a alguien a los pies de la cama.- Dice que nos tenemos que ir ya. ¿Pero en dónde estamos? No estamos en el hospital.- Su madre se derrumbó y le soltó la mano abrazándose con su marido y su hermana que nos miraba en silencio y sin llorar.
-Dime, cariño... ¿Qué ves?- Le hablé como si nada pasara, como si estuviésemos tomando un helado un domingo por la tarde en la heladería de la plaza.
-¿No lo ves? Estamos en un campo. Ella nos ha traído.
Le besé la mano y le dije que me lo describiera. Luego empezó a decir que se estaba poniendo todo oscuro. Ya no podía casi respirar.
-Las cosas van a estar mejor si te quedas, amor.- Me dijo con dificultad, yo sabía que eran sus últimas palabras. Su madre lloraba a gritos y su padre no miraba. Su hermana se mordía los labios con una fuerza impresionante.- Nunca pensé que una mujer mayor tan hermosa se enamorara de mi, Alejandra.
-Ya ves, es que tú eres hermoso.
-Ya nos tenemos que ir. Nos están esperando, ella dice que me tengo que ir ya.- La madre salió a gritos de la habitación y el padre tras ella. Su hermana le cogió la mano y le acarició el hombro.- Miriam,- la miró con los ojos nublados.- te quiero mucho. Quédate con ella, ¿si?
-Mario, mírame.- el aparato empezó a pitar más lento, él a respirar con más dificultad.- Lo sabías hace tres meses y te lo digo ahora. Te amo como a nada más en este mundo. Vete con ella tranquilo, ¿si, mi niño? Yo no tengo miedo.
-Dile... que no llore... díselo a mamá, Miriam.- Tos, más tos. Sangre y su hermana con lágrimas silenciosas asintiendo.- Te amo, no me olvides...- Sangre, sus ojos desorbitados y yo sentía que alguien gemía de dolor. Era yo, no podía ni sentirme.- Por favor... antes...
Sabía lo que me pedía. Yo debía de tener los labios ya manchados de su sangre. Las enfermeras, su hermana, la habitación, todo despareció. Sólo estábamos él y yo, dándonos el último y más casto beso, el beso de la muerte. El frío se hizo insoportable y el pitido chirriante del aparato me sacó de la ensoñación. Ya no sentí su aliento y me retiré poco a poco. Su hermana lanzó un llanto desgarrador y se levantó, dándose en la cabeza contra la pared y las enfermeras intentaban detenerla.
Tan guapo como siempre. Sus párpados quedaron cerrados y estaban como con tonos morados y en sus labios una sonrisa de paz. El frío se fue desvaneciendo y yo supuse que ella se había ido. Y se lo había llevado a él. Se había llevado mi vida. Le besé la mano y miré su cuerpo, derrumbándome y fui hacia su hermana que estaba tirándose del cabello en el suelo.
-Miriam...Miriam, por favor.- Me miró, hecha un espantapájaros asustado y se abalanzó hacia mi abrazándome. Tendría más o menos mi edad. El dolor de las dos se juntó y se hizo insoportable saber que ya no volvería a ver a Mario hablar jamás. Me separé de ella y miré mi reflejo en sus ojos. Era la viva imagen del dolor. Detrás de mi, en sus mismos ojos, vi un reflejo blanco que atravesó la habitación. Me asusté, pero supe que era ella.- Miriam. Escucha. Él no quería quedarse a sufrir más. Él se fue feliz.
---
Y así fue, porque aunque fuera al borde de la misma muerte había a encontrado al amor de su corta vida.
Fin de la trama y última entrada para todos los personajes. Se da por finalizado el proyecto ''Nubes de Porcelana.''
joe -w- otra igual q mi sensei... el muerto al hoyo y el vivo al bollo...
ResponderEliminarCurrado aunque no soy partidario de los finales atroces, pero xD very well haruru ^^ esta muy bien escrito y original :P
( !!!DIOS en este mundo ay alguien que le guste escribir sin parejas despedazadas aunq eso sea lo q mas se ve en estos dias ?¿?¿ xDDDDD)
Haruuuuuuuuuuuu te odiare toda mi vida!!!sino sigues escribiendo en este blog, me dara algo T-T, me gusta muchisimo!!y esta ultima me hizo llorar a mares!!
ResponderEliminarAdoro este blog*-*