De lo que siembras, eso recogerás. O algo así decía el abuelo de Carolina las mañanas de las vacaciones de verano cuando papá y mamá aún vivían.
-¿Cómo has llegado hasta aquí, chica?- La compañera de celda de Carolina espera una respuesta, pero ésta sólo voltea la cabeza para mirarla mal.
-No es asunto tuyo.
-¡Oh, vamos! He oído que no estarás aquí por mucho tiempo. También que trapicheabas con algo. Yo, en cambio, si que merezco estar aquí, hija de puta. ¿Quieres saber por qué?
-No, no quiero. Sois unas malditas viejas chismosas.- Escupe las palabras con el veneno que le ha hecho tragar la vida. Tiene miedo de lo que le pueda pasar a Mónica y esa prostituta realmente la está haciendo enfadar.
-¿Sabes lo que hacen con chicas como tú aquí?
-Si. Sé lo que hacen.
Más odio, más veneno y querer salir rápido. Y rabia, la rabia se le puede ver por encima a Carolina porque sabe que cuando salga dentro de un mes tendrá que seguir haciendo lo mismo.
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