A Ramiro su novia le ha dejado. La confusa promesa de verse con Erica al otoño parece nublada y apenas la puede ver por el pueblo de vez en cuando. Parece muy ocupada. Pero recuerda que hace ya cinco meses su novia le ha dejado. Después, conoció a Erica y todo va mejor.
Eran tal para cual, Ramiro y Mónica. Pero resulta que a los dos les gustaba lo mismo: las mujeres.
El viento se lleva con las hojas marrones esos molestos pensamientos que son como patadas en las pelotas y Erica cruza la plaza. Ramiro está sentado en uno de los bancos del lugar, con frío y el corazón en la basura. Corre y la alcanza agarrándola por el brazo. Ella tiene los labios pintados de rojo oscuro y los ojos sin maquillaje. Así mejor, piensa él.
Entonces ella sonríe y él se deja contagiar por su alegría inexplicable. Pero descubren que a Erica le gusta el frío y a él, el calor. A Ramiro el verde y a ella el rojo. Ella dice no y él si. Pero se besan con pasión cohibida y se olvida todo. Al despedirse a ella se le nota la inseguridad por esa cita imprevista y romántica.
-Bueno, hemos cumplido la promesa. Espero que no te haya defraudado.
-Mejor así, princesa, mejor que seas diferente a mí.
Y luego se abrazan y sienten miedo por que apenas se conocen y ya se aman tanto, tanto... Ah, pero no todo tenía que ser un amor sufrido en el mundo. ¡Claro que es posible que dos personas se enamoren perdidamente uno del otro.
-Somo uno en un millón.- Y ella sonríe cerrando los ojos sin soltarle.- Pero me mentiste, no te gusta el frío, ni el otoño.
-Tú eres el otoño, así si que me gusta.
:D ooh sugoi esta si que me gusta... ya se comienza a ver un aire de optimismo, well well :D
ResponderEliminarSi, tienes razón, optimismo a tope. Gracias, sensei ^^
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